viernes, 5 de julio de 2013

BENEFICIOS DE LA LECHE

Los lácteos y sus derivados se incluyen como un grupo separado de alimentos, recomendándose su consumo diario. Este “conjunto” nutricional preparado por la naturaleza no sólo contiene proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales de muy alta biodisponibilidad sino muchas otras sustancias de muy buen efecto sobre la salud.
Dos vasos de leche permiten satisfacer una proporción significativa de las necesidades de calcio, magnesio, fósforo, vitaminas A, B2, B12 y D.  Es interesante resaltar que el efecto del calcio aportado por los lácteos alcanza a duplicar el efecto del calcio farmacológico.

INGESTA DE CALCIO Y CONSUMO DE LÁCTEOS
Es realmente muy difícil alcanzar a cubrir los requerimientos de calcio si no se incluye en la dieta el consumo regular de lácteos. Éste grupo de alimentos es uno de los pocos que la población aun con escasos conocimientos de nutrición suele relacionar.
Las ingestas recomendadas de calcio se vienen incrementando década tras década tanto por el mayor conocimiento de su importancia en la salud como por el hecho de que la mayor esperanza de vida y el sedentarismo nos obligan a mantener una mayor ingesta para sostener nuestra masa ósea saludable.

LOS LÁCTEOS, UN GRUPO DE ALIMENTOS FUNCIONALES
Se entiende por alimento funcional a aquel que además de los beneficios propios de su composición nutricional ejerce un efecto adicional en la salud.
El yogur y las distintas leches fermentadas son alimentos de muy vieja data que prácticamente acompañan la cultura del hombre desde sus inicios.
A partir de los años ‘90 se produce en todo el mundo una profunda transformación de los yogures y leches cultivadas al introducirse bacterias probióticas, las cuales han de mostrado ejercer propiedades benéficas en nuestro organismo, particularmente sobre la flora intestinal, la absorción de nutrientes (calcio y vitaminas), el tránsito intestinal y sobre la inmunidad.

IMPORTANTES POSIBILIDADES
La gran oferta actual de productos lácteos permite sustituir la leche por sus derivados; posibilita variar al máximo los productos de consumo dentro de este grupo, obteniendo iguales beneficios nutricionales y mayores ventajas gastronómicas y de aceptación.
Por otro lado, personas que en principio no podían tomar leche o sus derivados, por alguno de sus componentes específicos, disponen hoy día de productos especiales obtenidos mediante diversas modificaciones de la leche, en los que se consigue mantener al máximo el valor nutricional del lácteo, adaptándolo a las distintas necesidades (leche y yogur sin lactosa, quesos bajos en grasa y en sodio, etc.).

LECHE DE VACA
Por su alto contenido de sodio, excesiva cantidad de proteínas y escaso aporte de hierro y de ácidos grasos esenciales, distintas organizaciones como  Unicef, y expertos en nutrición infantil recomiendan no introducir leche de vaca en la alimentación de un niño hasta que no haya cumplido el año de vida. El consumo frecuente de leche de vaca antes de los 12 meses puede tener implicancias negativas en la salud de los niños, como anemia, sobrecarga renal y lesiones intestinales. Por esto, se  vuelve a insistir en la necesidad de fomentar la práctica de la lactancia materna  durante los primeros dos años de vida de un bebé. Y si se tiene la necesidad de remplazarla antes, la mejor opción, es una fórmula infantil. Hay que recordar que antes de que el niño cumpla un año no sólo hay que evitar la leche de vaca sino también la de cabra, oveja, de arroz o soya.