viernes, 3 de julio de 2015

NECESIDAD DE ALIMENTOS EN LOS ENFERMOS DE VIH/SIDA

Una persona que está infectada de VIH/SIDA y no muestra síntomas de la enfermedad, no necesita seguir una dieta específica contra el VIH. No obstante, quien está infectado debe hacer todo lo posible para seguir unas pautas nutricionales sanas y equilibradas a fin de cubrir sus mayores necesidades de proteína y energía.
Los enfermos  a menudo no comen lo suficiente porque la enfermedad y los medicamentos que toman pueden reducir el apetito, alterar el sabor, e impedir que el organismo los absorba. Síntomas como las inflamaciones de la boca, las náuseas y los vómitos dificultan tomar alimento; el cansancio, el aislamiento y la depresión reducen el apetito y la disposición para esforzarse en comer normalmente.
Los alimentos no se absorben: Una de las consecuencias de este tipo de infecciones es que dañan las paredes del intestino, los alimentos ya no pasan bien a través de él y, por lo tanto, no son absorbidos. La diarrea es una manifestación común y el alimento pasa por el intestino tan rápidamente que no se digiere, y por consiguiente se absorben menos nutrientes. La menor ingesta y absorción de alimentos producen adelgazamiento y malnutrición. Por lo tanto la persona adelgaza, disminuye su peso corporal y su musculatura se reduce. El adelgazamiento puede ser tan gradual que no se aprecie rápidamente.
Si una persona adelgaza, ha de tomar medidas para  volver a su peso normal. Como por ejemplo: Comer más alimentos básicos como arroz, maíz, trigo, pan, papas, camotes y plátanos. Aumentar la ingesta de frijoles, productos de soya, lentejas, arvejas, maní.
Consumir todos los tipos de carne, aves de corral, pescado y huevos, con la mayor frecuencia posible. La carne picada, el pollo y el pescado son fáciles de digerir.  Comer refrigerios con regularidad entre las comidas. Aumentar poco a poco el contenido de grasa de los alimentos. Si surgen problemas debidos a una ingesta de alimentos con elevado contenido de grasa (especialmente diarrea), reducir la ingesta de grasa hasta que desaparezcan los síntomas, para luego aumentarla gradualmente hasta llegar a un nivel en que el organismo la tolere. Incorporar en la dieta más productos lácteos como leche entera, leche agria, mantequilla, yogures y queso.
Añadir a los alimentos azúcar, miel, mermelada, jarabe u otros productos dulces. Hacer las comidas lo más apetecibles posible. Aumentar el número de comidas y refrigerios durante el día. 
El ejercicio mejora el bienestar. Este no debe producir cansancio o estrés. Se recomiendan ejercicios de musculación suaves para formar músculos. Pasear, correr, nadar o bailar son también ejercicios convenientes.
Aumento de la ingesta de vitaminas y minerales
Las vitaminas y los minerales son indispensables para mantenerse sano. Protegen contra las infecciones oportunistas. Son particularmente importantes las vitaminas A, C, E, algunas vitaminas del grupo B y minerales como el selenio, el cinc y el hierro.
La vitamina A: Se encuentra: en las hortalizas y las frutas verde oscuras, amarillas, naranjas y rojas. También las espinacas, la calabaza, los pimientos verdes, los calabacines, las zanahorias, el amaranto, los melocotones, los albaricoques, la papaya y los mangos. El aceite de palma, el maíz amarillo, las yemas de huevo y el hígado.
La vitamina C: Se encuentra  en los cítricos como naranjas, toronjas, limones y mandarinas. Las guayabas, los mangos, los tomates y las papas son también una buena fuente
La vitamina E: Los alimentos que contienen vitamina E son las hortalizas de hojas verdes, los aceites vegetales, el maní y la yema de huevo.
Grupo de vitaminas B: La contienen en abundancia  los frijoles, las papas, la carne, el pescado, el pollo, la sandía, el maíz, los cereales, los frutos de cáscara, las paltas y las hortalizas de hoja verde.
Hierro. La anemia ferropénica constituye un problema.  Las hortalizas de hoja verde, las semillas, los productos de cereales de grano entero, las frutas secas, los frijoles, la alfalfa, la carne roja, el pollo, el hígado, el pescado, los alimentos de origen marino y los huevos contienen abundante hierro.
El selenio es un mineral importante porque ayuda a activar el sistema inmunitario. Entre los alimentos ricos en selenio están los granos enteros de cereales, contenidos en el pan integral; el maíz  y los productos lácteos como leche, yogures y queso.

El cinc  se encuentra en ; Los chocolates, el cordero y el germen de trigo. La carencia de cinc reduce el apetito.