lunes, 8 de septiembre de 2014

PEQUEÑOS PERO UTILES CONSEJOS

Consejos para un desayuno perfecto
El desayuno, es considerado una comida vital para el equilibrio y la buena marcha de todas las funciones corporales. Lo primero que debes tener en cuenta es que, al despertar en la mañana, tu organismo ha pasado varias horas sin alimento y necesita el combustible necesario para empezar a trabajar. Si comes poco o nada en el desayuno, tu cuerpo utilizará las reservas energéticas de las que dispone para estados de emergencia, lo que ocasionará alteraciones en su funcionamiento regular como falta de concentración, decaimiento e irritabilidad.
La mañana es el momento indicado para consumir más alimentos porque el organismo trabaja a plenitud y los requerimientos calóricos son mayores. Es recomendable ingerir un vaso de agua media hora antes de desayunar para ayudar a los riñones a eliminar las toxinas acumuladas durante la noche y preparar al organismo para recibir los alimentos.
Evita cenas abundantes porque ocasionan una sensación de saciedad al despertar que impide tomar un desayuno apropiado.
Un desayuno saludable debe incluir fibra, carbohidratos, proteínas y grasas, lácteos en especial el yogur con probioticos. Elimina de tu desayuno la margarina, los edulcorantes artificiales y usa poco o nada de azúcar para endulzar. Y si eres celíaco, considera que el contenido de gluten en la avena es menos inflamatorio que el del trigo.

'Alimentación consciente', el nuevo ingrediente en la comida
Disfrutar cada bocado, comer sin prisa, escoger los alimentos que hacen bien al organismo y al mismo tiempo ser consciente de comer bien, ha ido ganando adeptos poco a poco. Recientemente expertos de la Facultad de Salud Pública de Harvard indicaron que la 'Alimentación Consciente' podría ser la solución para la creciente epidemia de obesidad frente a la que ninguna dieta parecería poder frenar la estampida en el mundo.
El ritmo de vida acelerado, ha generado hábitos inadecuados al comer que posteriormente pasan factura provocando diversas enfermedades.
Una clara muestra de la práctica inadecuada en la alimentación es: comer muy pocas frutas, verduras, pescados y alimentos naturales; consumir más alimentos fritos, empanizados,  pastelillos, refrescos, embutidos, productos procesados con aditivos (colorantes y conservantes) y carnes rojas; y/o tomar demasiada azúcar, cafeína o alcohol.
Cabe destacar que la 'Alimentación Consciente' no es una dieta, ni consiste en dejar de comer uno u otro alimento. Se trata de disfrutar la comida más intensamente, de disfrutar cada bocado, de tomarse el tiempo suficiente para degustar y de comer en la cantidad adecuada.
Este tipo de alimentación también posibilita reconocer por qué sentimos el ansia intensa de comer y qué factores (emociones, situaciones, ideas) refuerzan el hábito de atiborrarnos de comida. El sobrepeso, la obesidad, la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares,  están asociadas  a la manera en cómo nos hemos venido alimentando en los últimos 60 años.
La 'Alimentación Consciente' se ha posicionado como concepto nutricional que nos sirve para crear un hábito alimenticio de bienestar. Algunos pasos básicos para hacer que su alimentación sea una práctica consciente:
Explorar y conocer los alimentos que el organismo tolera.  Preferir los alimentos de origen natural (vegetal y/o animal).  Servir porciones razonables de alimento.  Contemplar el alimento. Comer sin prisa. Masticar muy bien cada bocado.  Lograr un buen nivel de satisfacción.
La salud no depende siempre de la calidad de los alimentos sino cómo los consumes. Hay que  aprender a comer inteligentemente con los mejores nutrientes para reforzar las funciones orgánicas y mantenerse saludable.

Para respirar saludablemente
Los alimentos que nos dan más beneficios para mantener bien los pulmones son aquellos que contienen minerales y vitaminas antioxidantes como el selenio y las vitaminas A, C y E.
Los alimentos que los contienen: Selenio; mariscos, carnes rojas, huevos, pollo e hígado. Vitamina A; albaricoque, melón, mango, zanahoria, pimiento, espinaca. Vitamina C; cítricos, kiwi, brócoli y pimiento verde. Vitamina E; germen de trigo, cereales, aceite de oliva, almendra, maní.
Otros nutrientes son el magnesio (nueces, legumbres, granos, espinacas y mariscos) y los ácidos grasos Omega 3 (pescados, mariscos, soya, aceite de linaza y verduras).