miércoles, 14 de mayo de 2014

CELIACOS, LA NUTRICIÓN COMO ÚNICO TRATAMIENTO


La enfermedad celíaca se conoce popularmente como intolerancia al gluten, pero en realidad se trata de la intolerancia crónica y definitiva a un conjunto de proteínas denominadas prolaminas, presentes en el trigo, la avena, la cebada y el centeno  y en productos derivados de estos cereales, en personas genéticamente predispuestas. Esta intolerancia alimentaria es tratable, pero no curable. La ingesta sin prolaminas tóxicas es la única terapia existente, evitando con ella posibles complicaciones y garantizando una mejor calidad de vida.
Existe una predisposición genética. Si hay un celiaco en la familia: Familiares de 1er grado: padres, hermanos e hijos tienen un 10% de posibilidades de ser celíacos. Familiares de 2do grado: tíos, primos y sobrinos, la posibilidad de ser celíacos es de 1 en 39. Hermanos gemelos: el hermano gemelo de un celíaco tiene un 70% de posibilidades de ser celíaco.

¿Por qué se produce este trastorno? El sistema digestivo es el encargado de digerir los alimentos y absorber los nutrientes esenciales que el cuerpo necesita. Este sistema depende de un proceso  a través del cual todo alimento es degradado en partículas pequeñas para poder ser absorbidas. Aquí comienza la importante labor del intestino delgado, un órgano que posee pequeñas vellosidades. La longitud de las mismas establece la mayor o menor absorción de los nutrientes. En el intestino del celíaco, las vellosidades desaparecen o se atrofian con la ingesta de prolaminas,  por  lo tanto no se absorben los nutrientes esenciales: ácido fólico, la vitamina B12, el hierro, calcio, la vitamina D y el zinc. Todo esto conlleva a la pérdida de peso y desnutrición.
Síntomas: palidez, apatía, irritabilidad, falta de apetito, malestar, cansancio, distensión abdominal, dolor abdominal recurrente, pérdida de peso, deposiciones abundantes y/o diarrea crónica, vómitos después de las comidas, hinchazón de las piernas, dolor en los huesos y calambres. En los niños puede generar vómitos, dolor abdominal recurrente, diarrea crónica, intestino irritable, atrofia muscular, trastornos del desarrollo, baja estatura, pérdida de peso y detención del crecimiento.

¿Cuál es tratamiento?: Una dieta libre de gluten, es decir sin trigo, avena, cebada y centeno, ni productos industrializados que puedan contener esta proteína. Es la única opción para evitar el daño que se produce en el intestino delgado. Realizar una dieta sin gluten no es tarea fácil, pero si se cumple se puede llevar una buena calidad de vida. Esta no cura la enfermedad, permite controlarla. El intestino delgado puede volver a adquirir su función normal; si se vuelven a ingerir alimentos prohibidos, el intestino volverá a dañarse.
La dieta implica sacar del menú alimentos como: harinas, panes, pastas, pizzas, empanadas, tortas,  cerveza, y otros productos dudosos, debido a que pueden contener gluten. Es el caso de los quesos, salchichas, patés, enlatados, papas fritas, dulce de leche, chocolate, golosinas, helados, caramelos, café instantáneo, pasta dental, entre otros. Entre los alimentos seguros se encuentran las frutas, las verduras, las carnes de todo tipo, mariscos, huevos, el aceite, el vinagre, la miel, las frutas secas, el arroz, el choclo, las legumbres, el maíz y sus derivados.

¿Cómo identificar los alimentos seguros?: En algunos países los productos tienen símbolos, para identificarlos como libres de gluten. Es importante leer las etiquetas para chequear los ingredientes y consultar siempre en caso de dudas a instituciones que proporcionen listados actualizados de alimentos y marcas seguras.

Recomendaciones generales: Eliminar la compra de productos a granel, y de todos aquellos que no lleven etiqueta. Disponer de un espacio para almacenar exclusivamente los alimentos sin gluten. Y una vez abierto el envase no quitar la etiqueta ni vaciar su contenido en otros recipientes. Puede dar lugar a confusiones.
Tener en cuenta la contaminación cruzada: alimentos libres de gluten pueden contaminarse al estar en contacto con otros que sí poseen esta sustancia. Es por eso que los utensilios utilizados para preparar un plato libre de gluten no se deben mezclar. Lo más recomendable es cocinar primero para la persona celíaca y luego para el resto.
Si el afectado es un niño, informar de la situación, a todos los habitantes de la casa, a los docentes y a las personas que tengan contacto con el niño, y pedirles que lo ayuden a cumplir estrictamente con su dieta.  
Aceptar que es una enfermedad crónica y que la salud del enfermo depende del cumplimiento estricto de la alimentación.