miércoles, 23 de octubre de 2013

DIETAS DE MODA, SOLUCIONES MÁGICAS CON EFECTO “REBOTE”

Con la llegada de la primavera, una de las frases más escuchadas es "¡Tengo que ponerme a dieta ya!". La urgencia por ponerse en forma lleva a miles de personas a recurrir a las dietas de moda, caracterizadas por ser masivas, prometer resultados rápidos y duraderos y restringir la alimentación. Esta es la fórmula para poner en riesgo la salud de quienes la siguen, ya que producen desde desequilibrios nutricionales hasta efecto rebote, recuperando los kilos perdidos rápidamente.
El doctor Silvio Schraier, director de la carrera de médicos especialistas en nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA (Buenos Aires) y ex presidente de la Fundación Argentina de Nutrición, explicó que "la fantasía tradicional es que en la primavera, hay que lucir el cuerpo y bajar de peso”. Esto es muy bueno si se aprovechara para emprender un plan de vida más saludable, y así llegar al próximo año con un mejor peso y poder mantenerlo.
Pero, junto a la necesidad de bajar de peso, viene la fantasía de la solución mágica o milagrosa. Y aparecen las dietas que no tienen ninguna base científica,  recomendadas por algún famoso, que ofrecen resultados rápidos y duraderos a costa de un gran esfuerzo a corto plazo, y cuya consecuencia segura es el efecto rebote. La ecuación es sencilla: si alguna de las dietas milagrosas diera resultado real, no habría tanta gente con sobrepeso buscando la nueva dieta año a año. La realidad es que el mismo individuo que quiere hoy adelgazar fracasó por intentos anteriores. Las dietas de moda permiten un descenso rápido de peso, ya que "en lugar de grasa (objetivo del tratamiento para la obesidad), se pierde gran cantidad de agua y de masa muscular. Ello hace que cada vez sea más difícil bajar de peso, puesto que al reducirse la cantidad de músculo disminuye la cantidad de maquinaria metabólica para quemar grasa".
No obstante, después de comprobar que las dietas de moda fracasan, se vuelve otra vez a lo sensato, que consiste en un plan de alimentación razonable, adaptado al perfil de cada paciente, con una leve reducción de calorías, a adecuar el tamaño de las porciones, y una actividad física moderada.

El efecto rebote. Se produce, por un descenso inadecuado de peso. "Si, por ejemplo, bajo 10 kilos rápido, lo más seguro es que 8 kilos sean de grasa, y el resto de agua y músculo. Cuando dejo la dieta y me re-alimento
de golpe, gano más grasa que músculo: recupero los 10 kilos, pero van a componerse casi íntegramente de grasa, que luego será más difícil bajar".
"Por si esto fuera poco, la motivación está desgastada en el paciente que se sometió a dietas muy restrictivas durante 15 ó 30 días o más y luego recuperó el peso perdido; hay que entender que la obesidad es una enfermedad con componentes socio afectivos, no es una actitud voluntaria, y se debe tratar a largo plazo. Si restringe la alimentación en forma exagerada, va a compensar esa restricción con comilonas cuando deje la dieta, y cada vez le costará más seguir un plan". Por eso, lo recomendable para mantener el peso es desarrollar hábitos saludables. No prohibir, sino razonar. Alimentarse de manera equilibrada; “ tampoco sirve matarse en el gimnasio, porque en el descenso de peso el 70 por ciento se logra con la alimentación y apenas el 30 por ciento con la actividad física", ejemplo: "Una caminata activa de 60 minutos consume unas 300 calorías, pero si se come un alfajor, habrá subido las 300 calorías. Lo que costó una hora de esfuerzo quemar, se cubre en 5 minutos con comida.

Actividad física. "Para bajar de peso, reduzco la cantidad de calorías, por ejemplo unas 400 calorías menos por día. Al principio se van a ver resultados. Pero recordemos que "de fábrica" venimos preparados para ahorrar, es decir, para guardar las calorías a fin de sobrevivir. Como el organismo no distingue entre una decisión voluntaria para bajar de peso y una hambruna, se llega a la meseta, cuando se frena la reducción de peso. Es entonces cuando, en lugar de restringir más la dieta y generar enojo y frustración tanto en el paciente como en el médico, se debe aumentar la actividad física; en general, no se debe hacer planes de alimentación de menos de 1200 calorías para un adulto", destacó Schraier.