miércoles, 20 de enero de 2016

CREENCIAS POPULARES SOBRE LA ALIMENTACIÓN

El pan engorda
FALSO: Si se consume en la porción diaria recomendada no engorda. Por el contrario, es muy beneficioso para la salud siempre y cuando no se acompañe de mantequilla, embutidos, quesos con alto porcentaje de grasa y de sal, mayonesas, etc.

El jugo hay que tomarlo recién exprimido
VERDADERO: La naranja es rica en vitamina C, que es un potente antioxidante y, por lo tanto, se echa a perder cuando entra en contacto con el oxígeno.

La zanahoria es buena para la vista
VERDADERO: La zanahoria es rica en beta carotenos, precursores de la vitamina A, que contribuye a mantener la salud visual.

Los alimentos  light  adelgazan
FALSO: Este tipo de alimentos tienen menos calorías que sus versiones regulares, pero deben consumirse en porciones adecuadas. De lo contrario, podrían producir un aumento de peso corporal.

Si omito alguna comida, adelgazaré con mayor facilidad
FALSO: Si se saltea comidas a lo largo del día, llegará con más hambre a la comida siguiente y se producirá un desequilibrio en los niveles de glucosa sanguíneos,

El agua en las comidas engorda
FALSO: El agua tiene y siempre tendrá 0 Kcal se tome donde se tome. y a la hora que desees tomarla

Los alimentos integrales no engordan
FALSO: Aportan mucha más fibra que los refinados, pero el aporte calórico será el mismo. Los cereales tienen en su información nutricional la cantidad que debes comer en algunos te dicen 25 gramos en otros 22, dependiendo y esto equivale aproximadamente. a dos y media cucharadas soperas. Mas de esto engorda.

Tomar un yogur después de comer legumbres, ayuda a prevenir los gases VERDADERO: El yogur contiene probioticos y prebióticos que ayudan a regularizar la flora intestinal y, favorecen la digestión.

La fruta engorda si se come de postre
FALSO: Se coma cuando se coma, el aporte calórico es el mismo.

Los productos vegetales frescos son mejores que los congelados
FALSO: Procesar un alimento siempre trae como consecuencia alguna alteración. La congelación puede dar lugar a la pérdida de ciertas propiedades organolépticas, pero si se realiza de manera adecuada, estas son mínimas. En el caso de los alimentos frescos, estos pueden sufrir grandes alteraciones en el transcurso de la recolección hasta el consumo.