lunes, 10 de agosto de 2015

EL VALOR DE SENTARSE A LA MESA

Hace muchos años atrás, nunca se comió  con la televisión encendida. Pero ahora en los hogares la tele tiene que estar encendida  a la hora de comer.
Cuántas conversaciones teníamos  alrededor de la mesa. Los niños contando lo que han hecho en el cole, buenas y malas noticias del trabajo, decisiones para el futuro, amores y desamores o secretos que salen a la luz. Simplemente, conversaciones cotidianas, de nuestro día a día, porque el momento de sentarse a la mesa es cuando muchas familias se pueden reunir de verdad, tras el trajín de los quehaceres diarios. En el almuerzo o la cena.
¿Se está perdiendo esa costumbre? ¿Ya no se le da  valor a las comidas familiares? Los niños crecen, los horarios laborales cambian, cada uno se prepara cualquier cosa y se la come delante del ordenador, tablet o móvil; para qué sacar el mantel y la vajilla completa si sólo tenemos diez minutos para comer o por qué montar la mesa del comedor si todos prefieren coger una bandeja delante de la televisión.
Es una pena perder del todo la costumbre de comer en familia. Son momentos, imágenes y sensaciones que van forjando nuestra identidad y nuestra relación con los demás. Todos recordamos con nostalgia, por ejemplo, los tallarines o ravioles hechos por la abuela el día domingo.
Siempre empezaba todo en el desayuno. Todas las mañanas olía en casa al café recién hecho, y a esas deliciosas tostadas. Los días de fiesta había que hacer algo especial y desayunábamos todos juntos. Hablando de festivos, era imperdonable el aperitivo. Unas cervezas servidas en copas altas.  Era el momento de relajarse con el periódico mientras mi madre terminaba uno de sus  fantásticos asados.
Poner la mesa también tiene su ritual. Si hay niños se le suele encargar que ayuden. Cada miembro de la familia tiene su sitio, y se respeta sin discusión. Hora de almuerzo, se sirve los platos, se abre el vino y corta el pan, y los niños sacan la botella de agua o, si son afortunados ese día, alguna gaseosa.
¿Y quién quita la mesa? Con un poco de suerte, todos ayudan. Claro que a veces la sobremesa se extiende, y se extiende... y sin darte cuenta, son las cinco de la tarde. Son esos días relajados, sin prisas, en los que la conversación se ha convertido en la verdadera protagonista del almuerzo o de la cena, no hay ganas de recoger ni de terminar la velada.
Hay algo melancólico en recoger la mesa. Después de todo el esfuerzo, quedan los restos desordenados y los comensales ya se han levantado, el comedor está solitario. Pero más que restos son el testimonio del momento que acabamos de compartir, en el que todos han dejado su huella,
Esto más o menos era así hasta el año 1970. Luego apareció la obesidad como una enfermedad y luego como una epidemia. Pero ¿qué fue lo que causó está epidemia?
Algunos culpan a nuestro estilo de vida, que nos ha vuelto cada vez más sedentarios, pasando horas sentados frente al computador o la televisión. Otros expertos creen que los responsables son los alimentos que comemos. Y más específicamente, dicen, las enormes cantidades de azúcar que consumimos. Genética mente, los seres humanos no hemos cambiado, pero nuestro ambiente y nuestro acceso a la comida sí han cambiado.
Uno de los más grandes cambios en nuestra dieta se remonta a los años 70, cuando la industria agrícola de Estados Unidos se embarcó en la producción masiva del maíz y del jarabe de maíz de alta fructosa, comúnmente utilizado hoy en todo el mundo como edulcorante en alimentos procesados.
Esto provocó un incremento masivo en las cantidades de alimentos baratos abastecidos a los supermercados estadounidenses: desde cereal hasta galletas de bajo precio.
Estos productos no sólo prometieron enormes ganancias para la industria, de la noche a la mañana, todo el mundo comenzó a comprar yogur, margarinas, postres y galletas "bajos en grasas". Pero gran parte de la grasa que se retiró fue reemplazada con azúcar.
Para cuando los científicos se dieron cuenta de que quizás no era buena idea reemplazar grasa por azúcar, ya era demasiado tarde: el mundo estaba enfrentando una crisis de obesidad.

Sería prácticamente imposible regresar a esas épocas de los almuerzos en familia,  pero lo que si podemos hacer es dejar de comprar productos industrializados y cocinar en casa. Es más saludable. Se los recomiendo.