miércoles, 10 de junio de 2015

LA IMPORTANCIA DE LA BUENA ALIMENTACIÓN EN LOS MAYORES

La malnutrición puede llegar a implicar desarrollar ciertas enfermedades. Y las enfermedades constituyen un elemento peligroso para la malnutrición Esto puede afectar a cualquier persona. Sin embargo, las personas mayores que son dependientes son el colectivo más vulnerable y con mayores probabilidades de sufrir malnutrición.
Una mala alimentación puede empeorar el deterioro funcional de la persona y agravar la condición de dependencia. Con el envejecimiento las necesidades energéticas de las personas mayores son menores, ya que la actividad física y la masa muscular disminuyen.
Una mala nutrición implica pérdida de fuerza muscular, lo que puede provocar caídas con fracturas. Además afecta al avance del deterioro funcional y cognitivo y potencia la adquisición de enfermedades infecciosas.

10 pautas para una buena alimentación
 Realizar 5 comidas al día (desayuno, media mañana, almuerzo, media tarde y cena). Distribuir los horarios de las comidas a lo largo del día para que no se junten  unas con otras.
Procurar que los alimentos tengan un aspecto atractivo, una textura agradable y se puedan comer con facilidad.  
Evitar las dietas restrictivas para los mayores de 70 años, salvo prescripción y seguimiento médico.  
Servir una dieta equilibrada y variada que contenga cereales, frutas, verduras y legumbres.
Apostar por los alimentos preparados a la plancha en vez de fritos, asados y con salsas.
Consumir más pescado que carne y tomar 3 o 4 raciones de lácteos diarias.
Limitar los dulces y los embutidos y controlar las grasas, la sal y los azúcares.
Beber mucha agua e insistir en ello, porque los mayores ven disminuida la percepción de la sed.
Vigilar el peso de forma periódica, ya que puede ser un signo de alarma asociado a la desnutrición. 
Es importante que el acto de comer se realice en un ambiente adecuado, explicando a la persona lo que se va a hacer y solicitando su colaboración.
Por eso es importante tener tiempo, porque las prisas no son buenas. También hay que trocear los alimentos y realizar una higiene oral adecuada. Todo esto hace que disminuya el riesgo de atragantamiento y bronco aspiraciones.

¿Qué hacer en caso de complicaciones?
Si la persona sufre estreñimiento (si acude al baño menos de tres veces por semana) es aconsejable aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra (fruta, verdura y legumbres).
También es bueno consumir más agua y evitar los alimentos astringentes como el chocolate, el arroz, la zanahoria. Realizar ejercicio es una buena opción para mejorar el movimiento de los intestinos. Si el problema persiste habrá que acudir al médico para que prescriba laxantes.
Si el mayor padece diarrea (más de tres deposiciones al día o la consistencia de las heces es líquida) hay que controlarlo porque pueden llegar a sufrir gastroenteritis. Ante esta situación hay que aumentar la ingesta de líquidos para evitar la deshidratación y consumir alimentos astringentes (zanahoria, arroz, etc.).
En el caso de que nuestro mayor tenga dificultades para tragar, disfagia, se puede llegar a situaciones de malnutrición, deshidratación y bronconeumonía aspirativa por atragantamiento.
Por ello, nunca se deben utilizar jeringuillas a presión o sorbetes. Es mejor ofrecer alimentos homogéneos, para ello es muy útil emplear espesantes a los alimentos y líquidos hasta lograr una densidad como el néctar, la miel o el pudding. Esto evita los atragantamientos.
Es importante la postura a la hora de comer. La persona debe estar sentada, con la espalda recta y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. Antes de acostarse debe permanecer 30-40 minutos incorporada para evitar atragantamientos en la cama. Y por último, es mejor tomárselo con calma y no hablarle mientras come.
Todas estas pautas permitirán que nuestro mayor logre tener una alimentación adecuada y por lo tanto, estaremos mejorando su calidad de vida.