lunes, 24 de noviembre de 2014

ACTUALIDAD

Convocatoria del Papa sobre el desafío nutricional
En un mundo que se asombra con la velocidad y el alcance de los cambios tecnológicos, ingentes masas de personas están subalimentadas y numerosos países son cíclicamente sometidos a hambrunas. Literalmente, miles de seres humanos mueren cada año de inanición.
Ante un contraste tan dramático surgen interrogantes elementales: ¿Estamos ante un límite de la naturaleza o frente a una inequidad social básica? En otras palabras, ¿se trata de un problema de disponibilidad de alimentos o de una distribución regresiva del ingreso que impide a determinados segmentos sociales acceder a ellos?
El tema será tratado el próximo jueves y viernes en la sede de la FAO, en Roma, en la asamblea mundial sobre los desafíos nutricionales del siglo XXI, a la que asistirá el Papa Francisco.

La prédica constante del líder católico desde que asumió su pontificado es instar a los líderes mundiales a afrontar el problema del hambre en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras. Ya en ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación, el año pasado, denunció crudamente el despilfarro de alimentos y la mentalidad dominante de considerar el hambre como “un hecho ineluctable”.
“Paradójicamente, en un momento cuando la globalización permite conocer las situaciones de necesidad en el mundo y multiplicar los intercambios y las relaciones humanas, parece crecer la tendencia al individualismo y al encerrarse en sí mismo, lo que lleva a una cierta actitud de indiferencia respecto de quien muere de hambre o padece malnutrición, casi como si se tratara de un hecho ineluctable”, escribió en un mensaje enviado al director de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) el brasileño José Graziano Da Silva.

Francisco será el cuarto pontífice que visita la sede central de la FAO después de Pablo VI, quien estuvo en 1970, Juan Pablo II, en 1992, y Benedicto XVI, en noviembre de 2009.
A pesar de que 2010 ha sido el primer año en el que los datos de Naciones Unidas muestran un retroceso en el número de hambrientos, en parte por las buenas cosechas que ha habido, lo cierto es que todavía hay 925 millones de personas que pasan hambre a diario y 5,2 millones pierden la vida anualmente por este motivo. Estos datos no son sino fiel reflejo de una tragedia diaria: cada seis segundos muere una persona en el mundo por hambre.
Además, cerca de 2000 millones  más del 30 % de la población mundial experimentan lo que se denomina hambre oculta, que provocan las deficiencias de micronutrientes y hace a las personas más susceptibles a enfermedades infecciosas, perjudica el desarrollo físico y mental, reduce la productividad laboral y aumenta el riesgo de sufrir una muerte prematura.
De hecho, el hambre y la desnutrición son el principal riesgo para la salud en todo el mundo, más que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas. Entre sus principales causas están los desastres naturales, los conflictos, la pobreza, la pobre infraestructura agrícola y la sobreexplotación del ambiente.

La CIN2 es la continuación a la primera conferencia de este tipo, que se celebró en 1992. Su objetivo es reunir a los líderes de los gobiernos, a otros responsables de la formulación de políticas y a representantes de organizaciones intergubernamentales y de la sociedad civil para hacer un balance de los progresos alcanzados en la mejora de la nutrición. La conferencia también pretende hallar nuevas formas de impulsar esfuerzos nacionales e internacionales que mejoren las dietas y la salud.
Al término de los debates, los asistentes aprobarán la Declaración de Roma sobre la Nutrición, en la que los países y organizaciones se comprometen a respetar importantes puntos y estrategias para combatir la desnutrición y mejorar la calidad de los alimentos bajo el lema ‘Mejor nutrición, mejor vida‘.

La cumbre fue convocada debido a que la economía mundial, los sistemas alimentarios y el estado nutricional de la población han cambiado significativamente desde la primera conferencia de 1992, subrayaron los organizadores.