miércoles, 9 de abril de 2014

ACTUALIDAD

El aumento de la homogeneidad en la alimentación mundial.
Un nuevo estudio exhaustivo de suministros mundiales de alimentos confirma y documenta minuciosamente por primera vez lo que los expertos han sospechado desde hace tiempo: en los últimos cinco decenios, las dietas humanas en todo el mundo se han hecho cada vez más similares, con una media mundial de un 36 %, una tendencia que no muestra signos de desaceleración, lo que tiene importantes consecuencias para la nutrición humana y la seguridad alimentaria global.

Se está consumiendo más calorías, proteínas y grasas, y se centran cada vez más en una lista corta de los principales cultivos alimentarios, como el trigo, el maíz y la soya, junto con la carne y los productos lácteos. El nuevo estudio, publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', sugiere que la creciente dependencia de unos pocos cultivos de alimentos también puede acelerar el aumento mundial de la obesidad, las enfermedades del corazón y la diabetes. Incluso dentro de los países que siguen lidiando con importantes limitaciones en la disponibilidad de alimentos.

El emergente suministro mundial de alimentos estándar  descrito en el estudio también se compone de alimentos ricos en energía, como la soja, el aceite de girasol y el aceite de palma. El trigo es un alimento básico importante en el 97,4 % de los países y el arroz en el 90,8 %, convirtiéndose la soja en importante para el 74,3 % de los países. Por el contrario, muchos de los cultivos de cereales considerados de importancia regional, como el sorgo, el mijo y el centeno, así como cultivos de raíces como el camote, la yuca, se han perdido. Muchos otros granos y hortalizas  para los cuales no se dispone de datos comparables a nivel mundial han corrido la misma suerte, como un tubérculo nutritivo conocido como Oca, que una vez creció ampliamente en el altiplano andino.

Otro de los peligros de una cesta alimentaria mundial más homogénea es que hace que la agricultura sea más vulnerable a amenazas importantes como la sequía, las plagas de insectos y las enfermedades, que pueden empeorar en muchas partes del mundo como consecuencia del cambio climático. A medida que la población mundial aumenta y la presión crece sobre nuestro sistema alimentario global, también lo hace nuestra dependencia de los cultivos mundiales y los sistemas de producción que nos alimentan. Los cambios en la dieta documentados en el estudio son impulsados por poderosas fuerzas económicas y sociales. Por ejemplo, el aumento de los ingresos en los países en desarrollo ha permitido a más consumidores incluir grandes cantidades de productos de origen animal, aceites y azúcares en su dieta y la urbanización en estos países ha fomentado un mayor consumo de alimentos procesados y rápidos. Otros desarrollos relacionados, como la liberalización del comercio, la mejora del transporte de mercancías, las industrias multinacionales de la alimentación y la estandarización de la seguridad alimentaria han reforzado aún más estas tendencias.

Los países que experimentan un rápido cambio en la dieta también están viendo rápidamente aumentos en las enfermedades asociadas a la sobreabundancia, Pero también hay evidentes tendencias esperanzadoras, como en el norte de Europa, donde la evidencia sugiere que los consumidores tienden a comprar más cereales y verduras y menos carne, aceite y azúcar.
Los investigadores señalan 5 acciones  necesarias para fomentar la diversidad en la producción y el consumo de alimentos y mejorar la nutrición y la seguridad alimentaria: promover la adopción de una amplia gama de variedades de los principales cultivos en todo el mundo, apoyar la conservación y el uso de diversos recursos fitogenéticos, mejorar la calidad nutricional de los principales cultivos de los que depende la población, promover cultivos alternativos que pueden aumentar la capacidad de resistencia de la agricultura, hacer más saludable la dieta y concienciar de la necesidad de una alimentación más sana.
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Este nuevo estudio exhaustivo, basado en datos de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), abarcó más de 50 cultivos y más de 150 países, que representan el 98 por ciento de la población mundial, durante el periodo 1961-2009. Además de la CIAT y el 'Global Crop Diversity Trust', han participado investigadores de la Universidad de Wageningen en Países Bajos y la Universidad de Columbia británica en Canadá.