viernes, 28 de febrero de 2014

ADULTOS MAYORES Y EL RIESGO DE MALNUTRICION

Los investigadores analizaron el riesgo nutricional en función del sexo, edad, estado civil, convivencia, estudios y si vivían en el ámbito rural o en una ciudad. El riesgo de malnutrición dependía más de los malos hábitos alimentarios que de la situación económica de los ancianos de la población de estudio.
Uno de cada cuatro mayores de 65 años con autonomía funcional y que viven en su domicilio presenta riesgo de malnutrición por malos hábitos alimenticios, un problema que puede duplicarse en el caso de mujeres viudas y de avanzada edad y multiplicarse por 1,7 en el caso de no tener estudios.

Estas son algunas de las conclusiones de un estudio realizado por investigadores de la Universitat de València (UV) y la Universidad de Alicante, y que ha sido publicado recientemente en la revista 'Nutrición Hospitalaria'. El trabajo recoge datos obtenidos entre los años 2009 y 2010, para la elaboración de una tesis doctoral, sobre un total de 660 adultos en 12 centros sociales de la provincia de Valencia.
"Las posibilidades de estar en riesgo de malnutrición en el grupo de personas mayores de 85 años es el doble que en el grupo de entre 65 y 69 años", El estudio destaca que siendo los encuestados personas aparentemente sanas que viven en sus domicilios de forma autónoma y tienen movilidad para salir de ellos realizando diversas actividades de ocio, cultura y socialización en los centros sociales de su entorno, "casi la cuarta parte de este colectivo presenta riesgo de malnutrición".
"Hay personas obesas por su naturaleza que pueden estar en riesgo de malnutrición porque no ingieren los nutriente necesarios para su dieta ni llevan buenos hábitos alimentarios", ha señalado. "No están famélicos, sino que no ingieren los nutrientes necesarios y pueden tener problemas", ha señalado el investigador.

En España existe un importante vacío sobre el conocimiento nutricional de los adultos mayores, autónomos y no institucionalizados. En ese sentido, se propone la puesta en marcha de un protocolo que, desde los niveles de atención primaria, permita hacer a las personas mayores una evaluación para detectar a aquéllas con riesgo de malnutrición y orientarlas en una mejor alimentación. "Aprovechando que acuden con frecuencia a su médico de cabecera, éste podía hacerles un mini test que permita avanzar con probabilidad muy alta su estado nutricional real".

Principales signos de alerta que deben tener los familiares de aquellas personas de avanzada edad para detectar la desnutrición:
Pérdida repentina de peso, degeneración del tejido muscular y graso,  uñas con estrías transversales por déficit de proteínas,  edema en piernas, pelo quebradizo por el déficit de proteínas y ácidos grasos, labios con fisuras y con queilosis por déficit de vitamina B2, lengua con glositis (inflamación de la lengua) por déficit de vitaminas del complejo B, ojos con la conjuntiva enrojecida, piel con sequedad o descamación y despigmentación, palidez por presencia de anemia

Recomendaciones
Además de la alimentación balanceada, realizar actividad física ligera como caminatas de 30 minutos diarios es beneficioso para mantener la cantidad de masa muscular y evitar la atrofia; es importante también el consumo de agua.