lunes, 13 de octubre de 2014

TU LO SABES, TE LO RECORDAMOS

Niños tienen necesidades distintas de alimentación
¿Le cuesta que su hijo coma? Especialistas en Pediatría y Nutrición sostienen que esto no se debe, necesariamente, a una rabieta: cada niño tiene requerimientos de alimentación distintos.
Es un error  creer que el menor debe comer como lo hacía su hermano mayor o su vecino.
“La cantidad de alimento que cada persona necesita es muy variable. Algunos niños comen mucho más o mucho menos que sus compañeros de la misma edad y tamaño y, eso, no significa un problema de salud”.
Dar alimentos con diferentes colores es una de las técnicas para que los niños le tomen el gusto a la comida. Hay tres razones por las cuales los menores no comen. Estos factores son la comida en sí misma, el ambiente y el tamaño de las porciones.
Si, le sirve la misma cantidad que a los hermanos menores o le da de merendar una o dos horas antes de la cena o lo ve comer muy lento, el problema puede ser que se le da mucha comida y, por eso, no come.
Si, por el contrario, usted debe reclamarle mucho para que coma y hay mucha tensión, esto puede deberse al ambiente. Si el niño ve muchas tensiones, el momento de comer no va a ser agradable y eso puede hacer que no quiera comer.

Por qué es bueno comer ajo
A lo largo de los siglos, el ajo ha sido una especie culinaria muy apreciada por sus propiedades nutricionales y medicinales. . Es una de las plantas que ha sido cultivada por más tiempo y su uso antecede a la historia escrita. La leyenda cuenta que los faraones egipcios lo valoraban mucho y que a los esclavos que construyeron las pirámides les daban una ración diaria para que se mantuvieran sanos y fuertes.
Cien gramos de ajo proveen 149 calorías, 6.4  gramos de proteína y 0.5 gramos de grasa 33.1 gramos de carbohidratos y 2.1 de fibra.
Es una excelente fuente de vitamina B6 (Piridoxina),  también una buena fuente de manganeso, selenio y vitamina C y, además, provee varios minerales, incluidos el fósforo, calcio, potasio, hierro y cobre.
Se piensa que muchos de los efectos terapéuticos percibidos se deben al ingrediente activo, la alicina. Este compuesto contiene sulfuro, que le da al ajo su distintivo aroma y sabor. Picar o machacar ajos supuestamente estimula la producción de alicina. Sin embargo, cocinarlos presuntamente inhibe algunas de sus propiedades. Si se va a comer ajo crudo pero odia el aroma, masticar perejil, es muy bueno para refrescar el aliento. Varios estudios indican que el ajo, actuaría como un anticoagulante, reduciendo el riesgo de ataques al corazón.

Nutrición en la prevención del cáncer de seno
Llevar una buena alimentación y tener un peso sano está estrechamente relacionado con la prevención del cáncer de seno. Ninguna dieta te va a garantizar que tu cuerpo se libre de esta enfermedad, que depende de la conjunción de distintos factores; sin embargo, sí se puede reducir el riesgo.
Por ello, es importante incorporar en tu dieta verduras como el brócoli, tomate y el rábano; asimismo, se debe consumir frutas, té verde, carnes blancas y carnes rojas (en forma de salpicón o guisadas). Dentro de los alimentos no recomendados está la carne asada, debido a la forma de su cocción. Al prepararse este alimento arriba de 350 grados, se producen ciertas reacciones al someter la grasa al calor porque puede generar ciertas transformaciones, como el cáncer de mama.
Asimismo, se debe evitar las grasas saturadas, el alcohol y el tabaco, que son factores de riesgo en la aparición del cáncer. Cuidar el peso es importante, ya que el 15 % de los cánceres de seno está asociado a la obesidad. Esto se debe a que el tejido adiposo de la grasa produce una gran cantidad de estrógenos y las mamas son órganos que responden al estimulo de estos, lo cual incrementa el riesgo de padecer la enfermedad. Por ello, toda mujer posmenopáusica con historia familiar de cáncer debería ser delgada.
Sumado a esto, una persona obesa produce también alta producción de insulina y se sabe que esta sustancia estimula la proliferación de nuevas células cancerosas, así como disminución de proteínas, permitiendo mayor circulación de estrógenos y un aumento o posibilidad de crecimiento de células cancerosas.